Mujeres en investigación: el desafío del nuevo Ministerio

Mujeres en investigación: el desafío del nuevo Ministerio

Somos el segundo país que tiene menos mujeres dedicadas a la ciencia en Latinoamérica, solo superando a Honduras. Hay una baja participación de mujeres en la investigación, en algunas disciplinas son escasas. Se hace urgente buscar soluciones efectivas para tener a más mujeres liderando la investigación en Chile.

La implementación del nuevo Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, conlleva grandes desafíos. Algunos inmediatos, como establecer un reglamento y seremías macrozonales, otras a mediano y largo plazo como políticas públicas de investigación, estrategias, colaboración con otros ministerios, diálogo con empresas, sociedad, universidades y centros de investigación. Sin embargo, hay una tarea que debiese ser urgente y prioritaria, tanto para el ministro Dr. Andrés Couve como la subsecretaria, Dra. Carolina Torrealba: el tema de género.

Si nos remontamos un poco a la historia de este Ministerio, en febrero del 2015, la entonces presidenta de la República Michelle Bachelet anunciaba lo que para muchas personas era una esperanza concreta de contar con una nueva institucionalidad para la investigación. Una comisión asesora presidencial sentaría sus bases, sin embargo esta comisión contenía un mensaje contradictorio para el progreso, solo siete de sus treinta y seis miembros eran mujeres, y tenía una muy baja representatividad regional. Por lo anterior, no fue extraño que la perspectiva de género estuviese ausente de la discusión.

El diagnóstico es claro y conocido, somos el segundo país que tiene menos mujeres dedicadas a la ciencia en Latinoamérica, solo superando a Honduras. Hay una baja participación de mujeres en la investigación, en algunas disciplinas son escasas (física, ingeniería y matemáticas), mientras que en áreas de la biología, ciencias sociales y artes y humanidades, la participación de mujeres es mayor, llegando a igualar a los hombres. Sin embargo, las estadísticas dicen que solo un tercio de los investigadores que lideran proyectos son mujeres, independiente del área que analicemos. Esta cifra, varía según la fuente de financiamiento, en Fondecyt es cercana a un tercio, en Fondef es menor y en proyectos de mayor financiamiento, como milenios y basales, la participación de investigadoras líderes tiende a cero.

La maternidad parece ser una de las principales razones de esta brecha, la cual viene a coronar un camino de obstáculos y diferencias desde temprana edad. Sin el apoyo adecuado, incluyendo la co-responsabilidad en tareas de crianza, es muy difícil o casi imposible proseguir la carrera científica y/o académica, la cual se valida con indicadores diseñados para un sistema donde no hay familias, niños o adultos mayores que cuidar.

Esto conlleva que muchas investigadoras, sean testigos de cómo su carrera académica se trunca, enlentece y entorpece. Luego de estar ausentes por un año, sumado al desgaste físico y mental de la reincorporación, la cual implica noches sin dormir por amamantar-mudar-cuidar, se vuelve al trabajo a tratar de avanzar a pesar de no tener apoyos específicos. A esto sumemos que en muchos casos, las investigadoras deben dedicar más tiempo a labores de casa, compra y reuniones en colegios.

A su vez, el entorno la cuestiona o la hace sentir culpable por no priorizar a la familia cuando hay actividades donde hay que ausentarse del hogar, ya sea por congresos, largas jornadas de trabajo o pasantías en el extranjero. Dejar de publicar significa que no se puede acceder a proyectos, y al no tener proyectos, no se tienen fondos para investigar y en definitiva, publicar. Es muy difícil salir de este círculo, donde muchas veces la frustración hace que se decida abandonar la carrera científica.

De esta forma, se pierde un potencial humano enorme por no existir las condiciones adecuadas para apoyar a las mujeres. Al interior de la Academia, las mujeres en esta situación comienzan a desarrollar labores administrativas como jefaturas de carrera, se les asignan mayor número de horas de clases u otras que no le permiten dedicar tiempo a la investigación. Además, absorben en gran parte las labores de divulgación científica. Esto hace a su vez, que no avancen al mismo ritmo que sus colegas hombres y también explicaría la poca cantidad de mujeres con categoría de profesor titular en las Universidades chilenas. Esta exclusión de las mujeres investigadoras también sucede en aquellas que no son madres, es un tema estructural de invisibilización y obstáculos.

Con todos estos antecedentes, se hace urgente buscar soluciones efectivas para tener a más mujeres liderando la investigación en Chile. No basta con indicar que se resuelve con cuotas o acciones afirmativas.

El año pasado se realizó un esfuerzo desde Milenio, en el que según las bases, luego de haber pasado la primera etapa del concurso se daba una mayor ponderación a proyectos liderados por mujeres y también a quienes postularan desde regiones. El resultado, en el área de las ciencias naturales, fue que se aprobaron en un 100% proyectos liderados por hombres y de Santiago. Es decir, las acciones afirmativas deben establecerse en etapas tempranas de postulación y no al final, éstas deben estar presentes en el discurso de forma profunda, donde nunca más escuchemos que apoyar a las mujeres sea ‘discriminación contra los hombres’.

Existe suficiente evidencia e información que muestra que la diversidad humana enriquece la investigación y más simple aún: las mujeres somos más del 50% de la población. No podemos estar fuera. Las soluciones a este complejo tema deben incluir políticas públicas de género a largo plazo, comenzando por buscar la equidad en las universidades (donde se concentra gran parte de la investigación en el país), para lo cual la Comisión Nacional de Acreditación debería aportar en este camino y considerar este criterio como excelencia en investigación de las universidades.

Socias Red de Investigadoras: Adriana Bastías, Universidad Autónoma de Chile. Cristina Dorador, Universidad de Antofagasta. Vania Figueroa, Universidad de O´Higgins. Sofía Valenzuela, Universidad de Concepción.

Fuente: www.latercera.com