Presentación por el Dr. Remigio López

SOCIEDAD DE BIOQUÍMICA Y BIOLOGÍA MOLECULAR.

TITO URETA AWARD. 

XLIV Reunión Anual de la SBBM

Estimados colegas investigadores científicos y académicos en el campo de la Bioquímica y la Biología Molecular

Cumplo con agradecer sentidamente a la SBBMCh la invitación que me ha hecho para presentar ante Uds. al término de su Reunión Anual N° 44  al Dr. NORBEL GALANTI  GARRONE a quién la Sociedad entrega  en el día de hoy un reconocimiento en memoria  del  DR.  TITO URETA, premio  que la Sociedad reserva a los bioquímicos más distinguidos por su trayectoria académica en nuestro país.

El Dr. Galanti  nació y creció en Argentina y es hijo de una familia italiana. Se tituló como Bioquímico  en 1962 en la Universidad Nacional de Córdoba  y muy pronto  emigró a Chile (atraído por los buenos aires de entonces) en donde no sólo convalidó sus estudios como Bioquímico en 1968 sino que constituyó su familia e hizo de ésta su nueva Patria. Se retiró de la Universidad de Chile hace sólo 3 años pero continúa desarrollando una activa y vigorosa vida personal, laboral, social, universitaria y académica.

En sus primeros años en Chile, a mediados de la década de 1960, se integró a una Cátedra de Patología en la Facultad de Medicina de la U. de Chile.  Sus primeras publicaciones dan cuenta de la búsqueda de marcadores moleculares de cáncer en humanos.  Muy pronto en esos años dirige su mirada hacia moléculas que cumplen tareas centrales en la conducta celular.  Entre esas, destaco una publicación suya en conjunto con el Profesor Gabriel Gasic en la revista Science en 1966 referida al papel  de las proteínas y de los puentes disulfuro en la agregación de células de esponjas de mar, a las que seguramente iba a buscar en los roqueríos de Montemar hasta ahora colindantes con instalaciones universitarias.  

Tras la emigración del Profesor Gasic desde la Facultad de Medicina en Santiago a Filadelfia en USA, el Dr. Galanti también emprendió el vuelo a Filadelfia y a poco andar en esa ciudad se vinculó con el Profesor de Patología Renato Baserga en la Universidad de Filadelfia con quién inició estudios sobre distintas actividades enzimáticas y su localización subcelular en relación al control de la división celular.  A inicios de los años 70, ese laboratorio representaba el albor del concepto de ciclo celular.  La velocidad de síntesis de DNA, medida por cuantificación de la incorporación de precursores radiactivos,  había pasado a ser un marcador de proliferación celular y los niveles elevados de ésta un marcador instrumental de cáncer.  Así, por esos años la Bioquímica encontraba nuevas vías de ingreso al estudio de  la célula y de los procesos celulares y sus alteraciones.  Ya no bastaba el microscopio óptico ni el microscopio electrónico de transmisión para describir y conocer las células. Conocí a Norbel en esos años, fui su primer tesista. A su regreso a Chile, el Dr. Galanti instaló su laboratorio en un naciente Departamento de Biología Celular y Genética  derivado de la conjunción de distintas unidades académicas y de cátedras que habían existido  antes de la Reforma Universitaria nacional de 1968.  En sus inicios, el laboratorio de Norbel era  el único en ese gran Departamento en donde se usaban  pipetas, al inicio de vidrio y, más adelante, micropipetas con puntas plásticas.  No he olvidado el día en que ayudé a trasladar una centrífuga refrigerada International B20, nueva, desde una bodega abandonada en la Facultad de Medicina hasta su laboratorio.  Una centrífuga refrigerada en un laboratorio de Biología era un aparato curioso, observado casi con sospecha, como ocurría también con los vortex y los espectrofotómetros.  Este fenómeno local era la expresión de un cambio notable que ocurría entre nosotros los bioquímicos,  quienes empezábamos a estudiar la actividad de las moléculas en las células o a intentar replicar los procesos celulares fuera de la célula.  Con esa concepción, la membrana plasmática con las que Norbel trabajaba no era sólo el límite celular sino que el punto de inicio de la respuesta de la célula frente a estímulos ambientales que las inducían, por ejemplo,  a dividirse.  Mi tesis, dirigida por Norbel, iniciada en 1973 se tituló Membrana plasmática y síntesis de DNA. Destaco que en  esos años comenzaban a purificarse los primeros factores de crecimiento a partir del suero, un elixir que permitía cultivar células animales.  Sutherland acababa de recibir en 1971 el Premio Nobel de Medicina por la descripción de mecanismos de acción hormonal que incluían una novedad, el cAMP.  Se aislaban los primeros receptores, hasta entonces definidos sólo por sus propiedades farmacológicas de afinidad y especificidad.

Junto a la complejidad de la bioquímica celular asociada a la transducción de señales desde la membrana plasmática y conducente a la división celular, muy simple respecto del avance que hoy conocemos, el Dr. Galanti abordó también el desafío de investigar sobre blancos moleculares en el núcleo que pudieran dar luces sobre el inicio de la replicación del DNA.  Usó el virus  SV40, un virus polioma cuyo genoma tiene una extensión de apenas 5224 pb y que tenía un efecto mitogénico en fibroblastos en cultivo. La microinyección del DNA viral completo o de algunas fracciones de éste en el núcleo de fibroblastos permitió seleccionar regiones del DNA viral que eran informativas para la inducción de síntesis de DNA en esas células. Así comenzaba la investigación de los genes relacionados con el control de la proliferación celular.  Veinte años después , en 2001, se entregó el Premio Nobel de Medicina a un trio de investigadores  (Hartwell, Hunt y Nurse) que describieron la participación de las ciclinas, genes y familias de quinasas asociadas a la regulación y control del ciclo proliferativo.

Este crecimiento  disciplinar de la bioquímica, del que el Dr. Galanti fue un protagonista y divulgador principal en Chile, trascendió más alla de su propio laboratorio. Destaco entre numerosos esfuerzos  y logros suyos  en la década de 1970s la dirección de un programa de desarrollo de la Biología Celular en la Universidad de Chile y el desarrollo de un proyecto multiinstitucional financiado por la OEA para vincular laboratorios de Biología Celular en distintas instituciones universitarias, como las Universidades de Concepción y Pontificia U. Católica de Chile, en los que se desarrollaban estudios sobre reproducción celular.   Como no recordar  también la asistencia y participación masiva y entusiasta a las conferencias plenarias en reuniones anuales de la Sociedad de Biología de Chile en las que el Dr. Galanti era el expositor.

En esos años, las revistas  que acogían esta nueva mirada (que se mantiene en sus más de 120 publicaciones generadas en Chile en distintos modelos experimentales),  donde  Norbel enviaba parte de sus manuscritos, eran el JBC, el PNAS, el BBA, y unas muy pocas más.  Era una época en que se dependía de  secretarias y fotógrafos pues no existían aún los procesadores de texto ni los escaners.   Todo era mucho más lento. A cambio,  en el laboratorio de Norbel había una enorme mística por el trabajo creativo, cooperativo, riguroso  y trascendente.  Norbel  fue siempre un profesor que nucleaba estudiantes y académicos jóvenes en formación, todos los cuales nos sentíamos integrados al aprendizaje crítico y crecimiento conjunto.  Quiero compartir con ustedes sólo un par de ejemplos testimoniales, entre muchos otros, de esta tipicidad permanente de la labor de formación de recursos humanos para el país que Norbel exhibía. En los años 70 todos los textos de Citología mostraban la imagen trilaminar de las membranas biológicas del muy afamado Profesor James David Robertson quién a través de esas imágenes dio sólido sustento experimental a un antiguo modelo de membrana basado en dos láminas proteicas externas y una lipídica central. Inolvidable fue para mí, con 22 años, coparticipar en la oficina de Norbel de una conversación con Robertson en la que el tamaño y forma globular de las proteínas que conocíamos desde la bioquímica no se ajustaba a la propuesta de la morfología.  

En otra oportunidad, bastante después,  juntos  a una campana de flujo laminar de nuestro laboratorio y ante la reflexión que hacíamos sobre las severas y constitutivas  limitaciones de recursos para investigar,  Severo Ochoa, Premio Nobel 1959, nos recomendó diversificar nuestra búsqueda de financiamiento para nuestra  investigación más allá de lo que el Estado podía proveer. En fin, el Dr. Galanti  como formador de juventudes siempre representó  ser una interfase que acercaba a los jóvenes a importantes autores de las publicaciones que solíamos leer. 

La divulgación del conocimiento fresco salido del laboratorio también cobraba vida efectiva y permanente en el compromiso imperdurable del Dr. Galanti por la docencia de pregrado y por la docencia de postgrado.  Fui testigo de muchas de sus clases de pregrado que terminaban en una ovación masiva  por parte de los estudiantes que repletaban un auditorio.  Cuando era preciso y hasta no hace mucho, el Dr. Galanti  participaba incluso en los trabajos prácticos para grupos pequeños de estudiantes.  A nivel de postgrado fue un activo colaborador como profesor invitado en casi todas las principales Universidades tradicionales  en nuestro país.

En lo organizativo, lideró la organización de los Programas de Grados Académicos a nivel de Magister y Doctorado en la Facultad de Medicina, siendo parte central en el transcurso del tiempo de la Dirección del Comité de Doctorado en Ciencias Biomédicas,   del Comité de Doctorado en Ciencias Médicas y de distintas menciones de los Programas de Magister. Este muy eficaz compromiso con el desarrollo de la docencia, investigación y administración universitaria llevó a que el Dr. Galanti fuese, entiendo que es la histórica excepción hasta ahora, el único Director Académico y Estudiantil de la Facultad de Medicina (1990-1994) que no ostentaba  el  título profesional de médico-cirujano. Ocupó también en nuestra Facultad el cargo de Director del Instituto de Ciencias Biomédicas durante el cuatrienio 2006-2010.

Este carácter trascendente del Dr. Galanti fue también reconocido por la comunidad de biólogos en nuestro país al confiarle entre 1983 y 1984 la Presidencia de la Sociedad de Biología de Chile.  Fue también uno de los gestores y presidente de la Sección y luego de la Sociedad de Biología Celular de Chile y Socio fundador de esta Sociedad, la Sociedad de Bioquímica y Biología Molecular de Chile.  Más allá de un simple listado de tareas cumplidas, quisiera agregar que este quehacer académico supra universitario, societario, y universitario del Dr. Galanti, siempre muy eficaz, no estuvo libre de dificultades y desafíos mayores. En los años difíciles, y hasta los post-difíciles muy recientes en  nuestro país, el Dr. Galanti logró articular relaciones respetuosas aunque jamás  obsecuentes con quienes fuesen las  autoridades superiores dentro y fuera de la Universidad,  de la Facultad que lo cobijó o del país. El lenguaje preciso, en español, y las razones fueron las herramientas que hacían que habitualmente, con excepciones,  que las  sugerencias del Dr. Galanti fueran la base de los acuerdos con sus interlocutores.

Son numerosos los logros y proyectos desarrollados con éxito en ciencias y en la academia por parte del Dr. Galanti.  En razón del espacio y tiempo, he omitido conscientemente a muchos y muy importantes y sólo quiero mencionar dos reconocimientos mayores de su labor:  En 2011, el Dr. Galanti recibió la Medalla  Rector Juvenal Hernández Jaque Mención  Ciencia y Tecnología, que es el más alto reconocimiento que otorga la Universidad de Chile a ex alumnos que hayan prestado servicios distinguidos a la Universidad  y al país, y que a lo largo de su vida se han identificado con el espíritu humanista y el ideario ético que encarnó aquel Rector. Más recientemente, en 2017 el Dr. Galanti recibió la Medalla Rectoral de la Universidad de Chile  distinción que se entrega a miembros de la comunidad universitaria que entre otros aspectos se hayan destacado por acrecentar el prestigio de la Universidad a nivel nacional o internacional, a visitantes ilustres y a personalidades importantes.  Hoy, el Dr. Galanti es Profesor Emérito de la Universidad de Chile

Por lo resumido apretadamente,  el reconocimiento que hoy hace la Sociedad de Bioquímica y Biología Molecular de Chile  a uno de los suyos  en memoria  del Dr. Tito Ureta,  otro notable académico y amigo personal que dedicó su vida al fortalecimiento de la academia en y desde la Universidad de Chile,  en y desde nuestras sociedades científicas,  reúne  simbólicamente a dos  figuras ilustres,  quienes  a través de su aporte intelectual y social han hecho de Chile una gran nación. Muchas gracias Sociedad de Bioquímica y Biología Molecular de Chile.