Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

Señor Director:

El editorial de “El Mercurio” de hace unos días sobre un ranking de universidades de economías emergentes contiene una serie de errores conceptuales, que aluden a la productividad en investigación de la Universidad de Chile y tornan ineludible una respuesta aclaratoria.

Basándose en una de las muchas clasificaciones internacionales, y sin especificar lo que esta pretende evaluar, ni cómo lo hace, se deja la impresión de que nuestra casa de estudios estaría por debajo de otras instituciones nacionales en ámbitos de investigación.

Los datos oficiales más recientes indican que entre 2012-2016 la Universidad de Chile ha mantenido el liderazgo nacional con 12.489 publicaciones indexadas, la mitad de ellas de impacto superior. De hecho, el prestigioso ranking Nature Index, publicado hace unos días, la clasificó como la principal a nivel nacional en publicaciones de alta calidad y colaboración internacional. Por ello encabeza los rankings internacionales ARWU Shanghai y Scimago, que miden factores objetivos de productividad y no incluye, como otros, percepciones subjetivas.

A estos hechos se debe agregar que la Universidad de Chile lidera o participa en 22 centros de excelencia (52% de los existentes), se adjudica el 25% de los proyectos del sistema Fondecyt y gradúa a casi 200 doctores anualmente, lo que corresponde al 28% del total del país. Se debe aclarar que casi la totalidad del financiamiento de la investigación en Chile corresponde a fondos concursables y no a transferencias basales discrecionales.

Con todo, la Universidad de Chile ha intensificado recientemente sus aportes al país promoviendo un salto en innovación, transformándose en el principal referente en licenciamiento de tecnologías y enfatizando la colaboración multiinstitucional, transdisciplinaria e interregional, mediante la puesta en marcha de la mayoría de los centros tecnológicos de Corfo y la promoción de foros internacionales bilaterales multidisciplinarios sobre grandes desafíos globales.

Indudablemente se requieren discusiones de fondo respecto a la política científica en Chile. Es imposible aspirar a tener universidades de clase mundial mientras se invierta solo el 0,36% del PIB en I+D, no tengamos una institucionalidad que las contextualice en la estrategia de desarrollo del país y carezcamos de una reflexión pública seria sobre estos temas.

Flavio Salazar Onfray
Vicerrector de Investigación y Desarrollo Universidad de Chile

Fuente: www.economiaynegocios.cl