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Diez artículos desarrollados por estudiantes conforman “Brotes Científicos”, la primera revista de nivel académico que busca relevar la investigación que se está realizando en los colegios de nuestro país.

Juan Pablo Ascencio y Javier Oporto estuvieron gran parte de 2016 visitando la zona de Bahía Inútil, en Tierra del Fuego. Equipados con lentes largavista, cámaras fotográficas y, por cierto, lápiz y papel, iban registrando cada detalle de la vida del Aptenodytes patagonicus, más conocido como Pingüino Rey. Allí, en esta fría zona de la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, realizaron un total de diez observaciones de campo: el cortejo, la postura de huevos, la crianza de polluelos y hasta el cambio de plumaje. Todo era cuidadosamente consignado.

Juan Pablo y Javier tienen 18 años y son de Santiago. Estudian en el Colegio Sagrados Corazones de Alameda y, junto a su profesor Carlos Zurita, llevaron a cabo esta labor como parte de un proyecto de ciencia escolar. Fueron rigurosos, tanto así que su trabajo fue uno de los escogidos para formar parte de “Brotes Científicos”, la primera revista de nivel académico para escolares, que cumple con todos los estándares de publicaciones reconocidas internacionalmente, como Nature o Science.

Al igual que ellos, otros diez trabajos forman parte de esta iniciativa que prepara a los estudiantes en una competencia clave para tener éxito en la educación superior: difundir un trabajo de investigación. “Ellos están aprendiendo desde ya a trabajar como lo hacen los grandes científicos. Es una gran oportunidad, ya que esto no se experimenta hasta que los alumnos llegan a la universidad”, explica Elia Soto, directora del PAR Explora de CONICYT RM Norte, quien lideró la iniciativa, desarrollada junto a la Pontificia Universidad Católica y la Universidad de Santiago.

Se trata de la primera revista científica en Latinoamérica -y una de las precursoras a nivel mundial-  orientada a la publicación de trabajos escolares. CONICYT decidió apoyar esta iniciativa como parte de una serie de propuestas para fortalecer la formación científica de los chilenos, a través de la incorporación de nuevas estrategias, que buscan hacer más atractiva la enseñanza de la ciencia en las escuelas: si tradicionalmente los alumnos han tenido un rol pasivo en la sala de clases, hoy se pretende que se aproximen a estas áreas de una forma más activa, a través de la experimentación.

“Esto resulta clave en un país como Chile, donde la última Encuesta Nacional de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología, dada a conocer por CONICYT en 2016, mostró que un 51,3% de la población considera que el nivel de educación recibido en ciencia y tecnología es bajo o muy bajo; mientras sólo un 7,3% percibe que fue alto o muy alto”, señala Natalia Mackenzie, directora del Programa Explora de CONICYT.

El efecto de publicar

De ahí la relevancia de esta publicación, que no sólo da a conocer investigaciones de estudiantes que persiguen resolver problemas que afectan a sus comunas y su entorno cercano, sino que funciona como un poderoso aliciente para motivar el interés por la ciencia. Bien lo sabe Juan Pablo Ascencio, quién tras participar del estudio en Tierra del Fuego, confiesa que su corazón está dividido entre estudiar medicina o dedicarse a la biología, para desde ese frente continuar con la investigación. “Por más que seamos escolares, estamos haciendo ciencia a un nivel más avanzado, porque publicar en una revista científica son cosas mayores. No es sólo una investigación de colegio, es algo más formal que nos permite aprender a hacer ciencia como lo haría un profesional titulado”, comenta Juan Pablo, sin ocultar su orgullo por ver su nombre en una publicación.

José Luis Martínez, académico de la USACH, y miembro del comité editorial de la revista, cuenta que, sin hacer mucha difusión, y durante el corto período que estuvo abierta la recepción de artículos, recibieron 39 trabajos. “Esta plataforma es única no sólo en Chile, sino que en Latinoamérica. Con una mayor difusión yo espero que recibamos una cantidad masiva de trabajos”, señala. Afirma que se trata de un atractivo gancho para que los estudiantes se interesen en la ciencia. “Cuando uno publica por primera vez, poco menos que te dan ganas de empapelar tu pieza. Imagina lo que significa para los niños. Estoy cierto de que esta revista marcará un hito”, agrega el académico.

Un mundo nuevo

Sara Rojas, profesora del Liceo Bicentenario de Rancagua, que dirigió a su equipo de seis alumnos para investigar las aves de la comuna, cuenta que empezaron a trabajar en abril del año pasado. Dice que tuvo que entrenar a sus estudiantes para aprender a reconocer pájaros e identificarlos, a través de características como sus cantos o su plumaje. “Conocían la diferencia entre un gorrión y una paloma, pero no más allá. Usábamos Whatsapp para enviarnos fotografías de los pájaros e incluso sus cantos. Luego con eso, verificábamos la especie”, dice.

“Ellos el año pasado estaban en primero medio, de manera que todo este aprendizaje es muy enriquecedor. Muchos de los conocimientos adquiridos durante la fase de investigación, y luego durante la etapa de la publicación, no se aprenden hasta la universidad. Incorporarlo ahora les servirá mucho si deciden seguir una carrera orientada a la ciencia”, agrega la profesora.

Diego Brito, uno de los alumnos que participó de este estudio, dice que, de todas maneras, quiere dedicarse a estudiar alguna carrera científica cuando entre a la universidad. “Aprendimos muchas cosas sorprendentes. Por ejemplo, cuando uno camina por la ciudad, sólo ve unos cuantos pájaros, pero la gente no sabe que hay muchos…. ¡y nosotros encontramos 28 especies diferentes!”, cuenta.

Hallazgos sorprendentes

Muchos de los resultados de las investigaciones publicadas en “Brotes Científicos” representan un real aporte para la ciencia. En Magallanes, por ejemplo, uno de los estudios realizados por estudiantes del Colegio Miguel de Cervantes, indagó si el aumento de temperatura incidía en la migración de la avispa Vespula germanica. Compararon información de 40 años entre Nueva Zelanda y el extremo sur de Chile, concluyendo que, en este caso, no es el cambio climático el responsable de la llegada de esta especie a Punta Arenas, sino la gran plasticidad que exhiben estas avispas para adaptarse.

“Los trabajos recibidos son de gran nivel, de hecho, los diez primeros que se aprobaron salieron publicados. Todos los artículos que llegaron vienen de congresos de ciencia realizados en 2015 y 2016”, dice Elia Soto, quien explica que a través de la revista se busca crear una auténtica “cultura de la publicación” en el país. Soto también destaca que una de las investigaciones consideradas sea un estudio del área de las ciencias sociales, realizado por el Colegio Cristóbal Colón, de Conchalí, sobre el “imaginario social del Territorio Antártico Chileno”, que mediante una encuesta, analizó cómo vemos a esta región extrema de nuestro país.

Ciencia escolar

La directora del PAR Explora RM Norte también destaca que los profesores participen de estas publicaciones, ya que los docentes tampoco tienen costumbre de publicar: “Muchos han mandado trabajos a los congresos, pero un artículo científico propiamente tal, no han tenido ocasión de difundir”.

Carlos Zurita, profesor que dirigió a sus alumnos en el estudio del Pingüino Rey, cuenta que junto a sus alumnos tenían que costear ellos mismos los pasajes, aprovechando ofertas y precios rebajados. El colegio pagaba su estadía y debían realizar trayectos de casi cuatro horas para llegar hasta la pingüinera donde realizaron la investigación. “Imagina todo este esfuerzo, pero valió la pena. Hay que considerar que, para poder dar a conocer los resultados de un estudio en una revista científica convencional, tienes que pelear un lugar con los científicos: simplemente por venir de un origen escolar te rechazan, sin considerar que tu estudio puede ser tanto o más bueno”, concluye Zurita.

Fuente: www.conicyt.cl